El río Con secretos ocultos

Cuentan las viejas chismosas del Río de San Pedro, que había una chamaca de 14 años llamada Carolina y que vivía en un manicomio encerrada, pues estaba como tocada del coco. Carolina era una chica inteligente, extrovertida. Nadie se explicaba porque terminó así. Sus paítos juraban que la niña era problemática y que hacía cosas muy raras desde la muerte de su costilla gemela Patricia.

Paty estiró la pata cuando se ahogó en el río de la zona, lo que nadie entendía es el porqué apareció atada bajo el agua. Desde entonces, Carolina no era la misma. La carricita salía cada noche al río con unas cuerdas entre las manos y volvía siempre a la hora en la que fue encontrado el cadáver de su hermana.

Cuando Carolina llevaba unos meses en el locomio los batas blancas querían que saliera, pero sus pures decían que nadita de eso porque supuestamente el día 23 de enero, día en que Paty fue asesinada, ésta se encontraba como poseída.

Llegado el día, Carolina empezó a hacer vainas raras, decía cosas sin sentido y no dejaba de repetir: “Hermana, suéltame”, “no, Carolina por favor”, se acercaba a los médicos y les gritaba “denme unas cuerdas, tengo que amarrarla, está maldita”.

Los médicos chorrea’os la llevaron a su habitación, y le inyectaron calmantes, cuando por fin creían que se había dormido, salieron a llamar a sus padres. Dicen que cuando llegaron los progenitores, Carolina se había despertado, metido en la bañera y con las mismas cuerdas con las que fue atada su hermana, se ahorcó dentro de la tina. Al entrar al cuarto vieron pisadas de sangre por todas partes y cuando pasaron al baño, encontraron el cuerpo de su hija con lágrimas de sangre en los ojos, ahorcada y una frase que decía “tú me mataste y morirás conmigo”.

Las María ventanas soltaron que Carolina estaba poseída por Patricia desde que falleció y que cada año intentaba matarla hasta que lo logró.  Los padres de las morochas quedaron toca’os y cada noche antes de dormir van a la habitación de las chamacas a darles las buenas noches, porque según ellos las niñas aparecían amarradas a la cama, mojadas y diciendo que tenían frío. Los lengua larga potearon que se las ha visto pasear de la mano, por el río cada día a la misma hora.

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