La avaricia revive en cada navidad

Esa navidad fue espantosa y muy terrorífica. Como estábamos peleados con casi todos nuestros costillas, mis paítos aceptaron la invitación de un matrimonio conocido, y fuimos pasar la noche buena en su casa, que se encontraba en una zona rural de Puerto La Cruz.

Iba mirando por la ventanilla cuando un manotazo me golpeó la cabeza. Me volví hacia mi hermano, que me miraba con cara de burla, y lo acusé. El resto del camino nos amenazamos con señas, pero cuando mi madre volteaba los dos estábamos quietos, pero cuando volvía a mirar hacia adelante, seguíamos en lo nuestro. Apenas el auto se detuvo frente a la casa nos precipitamos hacia afuera.

*Bienvenida
La puerta se abrió y los tórtolos dueños del lugar salieron a recibirnos. Entramos a la sala. Sobre una mesa había tequeños, bolitas de carne y demás. Enseguida nos pusimos a mirar todo girando la cabeza sin el menor disimulo. Mi hermano y yo nunca habíamos visto una casa tan elegante y antigua, nunca habíamos visto un retrato, sillones tan grandes ni muebles tan finos.  Mientras nuestros padres conversaban con los anfitriones vaciamos varias bandejas, después, al empezar a aburrirnos, observamos nuevamente lo que allí había. Éramos muy inquietos como para estar mucho tiempo en un lugar. Pedimos permiso pa’ jugar y aunque no sobraron las advertencias salimos de una a recorrer la casa.

*Curiosidad
Si el lugar nos había parecido grande desde afuera, desde adentro nos parecía inmenso. Iluminaban el corredor unas lámparas mortecinas, muy separadas entre si, haciendo que las sombras se disputaran el lugar. Después de pasar bajo una ventana, creímos que empezaron a arañarla desde afuera, pero era una rama que rozaba el vidrio.  Al abrir una habitación y encender la luz, vimos a una anciana sobre la cama. La anciana volteó hacia nosotros y nos sonrió dulcemente; nosotros estábamos paralizados por la sorpresa, porque no esperábamos encontrar a alguien. De repente la vejuca lució aterrada; una mano peluda surgió de debajo de la cama, en el lado opuesto al que estábamos. La doña medio se enderezó mirando con horror a la mano monstruosa que tanteaba rápidamente las sábanas. Abrió la boca como si estuviera gritando pero no escuchábamos nada. El dueño de la mano peluda tenía cabeza de cerdo, y salió rápidamente de debajo de la cama y se abalanzó hacia la señora sacudiendo la cabeza. En ese momento se abrió la puerta de un ropero enorme, y salió corriendo de él una especie de bruja horrorosa, e iba rumbo a la cama tirando manotazos.

Ante tanto terror la anciana se llevó las manos al pecho y quedó tiesa. Luego de tantear si la vieja respiraba o no, el mounstruo se sacó la cabeza, más bien, se quitó la máscara que llevaba, y resultó ser el actual dueño de la casa y la bruja era la mujer. Repentinamente toda aquella escena de terror desapareció ante nuestros ojos, y la habitación estaba vacía.
Llegamos corriendo a la sala donde estaban nuestros padres, y tuvimos que mentir que jugábamos una carrera. Durante la papa los anfitriones mencionaron que la casa antes era de su tía, la que desafortunadamente había muerto de un ataque al corazón.

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